martes, 10 de mayo de 2011

El día que tuve en mis manos la maquina del rock’n roll

Si hay alguna cosa o alguna imagen que defina el rock esa sin duda es la guitarra eléctrica. Desde la adolescencia me empezó a gustar la música, grupos, discos, videos musicales, el mundillo de la mitología artística y demás. Alguna vez me había planteado tocar la guitarra pero siempre se quedaba como un proyecto futuro o como ese sueño que sabes que nunca vas a realizar. Además mi vida giraba en torno al baloncesto y no tenía tiempo para mucho mas. Cuando vi cerca mi final baloncestístico pensé que tenía que buscarme un hobby en el que ocupar el tiempo que antes dedicaba a este deporte, entonces decidí arriesgarme y comprarme una guitarra. Pensé lo intentare y si luego no lo consigo o no me gusta la colgare en la pared que quedara muy bonita de adorno. Asi del mismo modo que muchos cuarentones se compran una Harley Davidson porque ser moteros ha sido el sueño de su vida yo me compre una guitarra eléctrica.

Como no tenía ni idea de guitarras una mañana quede con mi amigo Jaime, componente de Hotel y Stereant, recorrimos las tres tiendas de instrumentos que hay en Zaragoza y después que sus magistrales dedos probaran algunas me dijo cual tenía que comprarme. Era una Squier tipo Stratocaster que venía en un pack con el amplificador, me dijo que para empezar estaba bastante bien y ahora estoy totalmente convencido de lo que me dijo era cierto.

Mi primera guitarra
El día que la tienes por primera vez entre tus manos, la conectas al amplificador y empiezas a aporrear sus cuerdas sin ningún sentido te da un subidón total, te crees una autentica estrella del rock, pero a los poco minutos te das cuenta que todavía te queda un mundo por aprender. Empecé a mirar un poco de teoría y hacer ejercicios de forma autodidacta, internet es maravilloso en este sentido, pero al cabo de unos meses me di cuenta que de esta manera no llegaría muy lejos. Todos los días la cogía bastante rato pero veía que la mejoría era muy lenta o nula. Decidí buscarme un profesor que me guiara un poco, estuve un año con un chaval de veinti pocos años, el también estaba aprendiendo pero se le veía sobrado para lo que yo quería, la verdad que me vino bastante bien, aprendí a llevar el tiempo, gane soltura cambiando acordes, etc.

Luego continúe un poco más en solitario hasta que me busque otro profesor, este sabia bastante más, llevaba muchas horas de escenario a sus espaldas, una autentica maquina. Me enseño truquillos que no salen en ningún manual y me metió teoría por un tubo que a día de hoy, dos años después aun estoy intentando asimilar. El día que mis dedos sean capaces de plasmar toda esta teoría en el mástil podre decir que se tocar la guitarra. Mientras tanto me dedico a practicar, ese es el único secreto para alcanzar un poco de nivel en cualquier instrumento.

En fin, cinco años después continúo con la misma ilusión que el primer día, tal vez me pena no haberme decidido mucho antes, sobre todo cuando pienso en el tiempo que desperdicie jugando con la maldita PlayStation. Este es un bonito y sano hobby que engancha mucho, el día que no cojo un ratillo la guitarra lo paso bastante mal, como decían Barón Rojo en una de sus canciones “Yo nunca podría vivir sin tus cuerdas de acero tocar”.

1 comentario:

  1. ¡Es lo que hemos sentido todos alguna vez!.

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