lunes, 1 de agosto de 2011

Senda de Camille Etapa 4

23/7/11

Lescun – Linza

Hoy parecía que el tiempo pintaba algo mejor, decidí arriesgarme y por primera vez en lo que llevábamos de travesía me puse los pantalones cortos. Salimos del camping por la carretera y continuamos por ella unos kilómetros en los que pudimos ver multitud de bordas en las que se vendía queso. Llegamos al puente de Lamareich y allí al fin dejamos el tedioso asfalto. Seguimos por el camino que discurre entre el bosque de Landrosque hasta llegar al aparcamiento de Lamary, justo al lado cruzamos un puente sobre un riachuelo, al fondo se divisaba el Pic Pore de Lamary que es una enorme mole rocosa. El entorno era precioso. La pendiente comenzó a endurecerse pero las manadas de caballos con sus potrillos que nos íbamos encontrando por el camino desviaban nuestra atención y nos hacían más llevadera la ascensión. Alcanzamos una planicie que nos sirvió de descanso pero la alegría iba a durar poco, enseguida volvimos a ganar altura.


Entrañable estampa

Aunque el repecho era duro, el camino discurría entre un fresco hayedo. A la media hora alcanzamos la Cabaña de Ansabere, desde allí teóricamente deberíamos ver las agujas del mismo nombre pero la niebla se había fijado a media altura y no se divisaban. Retomamos fuerzas con un pequeño almuerzo y comenzamos la ascensión. Seguimos el camino que estaba bien marcado pero no teníamos claro hacia donde nos dirigíamos. David saco el GPS y dijo hacia donde debíamos ir pero al final nos confiamos y seguimos a un grupo que nos adelanto y que tenían pinta de saber por dónde se andaban. Al darnos cuenta de nuestro error nos encontrábamos en el collado de Acherito. Sacamos los mapas, brújulas, GPS, altímetros y todo utensilio que nos sirviera y al final nos situamos bien, volvimos sobre nuestros pasos para encontrar el camino adecuado. La parte final, como no podía ser de otra forma, era agotadora. Un largo pedrizal con fuerte pendiente. Pasamos el collado de Petrechema y al poco la niebla se esfumo y un radiante sol nos acompaño durante el descenso. Fue pasar a España y el tópico de “sol y buen tiempo” se cumplió.


Cabaña de Ansabere

Primeros tramos de ascesión

Al fondo Lescun

Estamos a punto de desviarnos del camino
Ultimos tramos de subida al collado de petrechema
Escogimos el camino de la derecha en vez de continuar por la ruta normal y creo que acertamos ya que aunque era algo más largo posiblemente era más bonito y se apreciaba el valle con una mayor perspectiva.

Después de hora y media bajando llegamos al refugio de Linza, lo que primero que nos llamo la atención fue la cantidad de gente que había, no era de extrañar era sábado y es un refugio al que se puede acceder por carretera.

Por fin buen tiempo

Bonito valle

Lo peor de todo es que estaba bastante masificado en la habitación que nos dieron nos metieron a 8 personas y no era mayor de 10m cuadrados. También fue algo triste ver como la gente no respeta a los que queríamos descansar y piensan que el refugio es una tasca. Y no me quería acordar de las 2 “pavas” que la vimos echándose cervezas en la barra y luego subieron a las tantas a dormir y no se habían preparado ni si quiera la cama. Vamos lamentable el comportamiento de la gente y de los guardas que no saben hacer respetar las normas.

Sin duda un mal broche para un día que había sido en general bastante bueno.


Mapa de la ruta

domingo, 31 de julio de 2011

Senda de Camille Etapa 3

22/7/11

Arlet – Lescun

La niebla con la que nos habíamos acostado seguía en el mismo sitio, nos despedimos de Arlet sin poder contemplar en su máximo esplendor su lago y el paraje que lo alberga. Al poco de comenzar a caminar la niebla se fue disipando, se podía ver algún valle y los rebaños de ovejas y cabras pastando en ellos, éramos optimistas y pensábamos que hoy tendríamos un bonito día. Cuando retomamos la ascensión nuestra “amiga” la niebla volvió a unirse para acompañarnos gran parte de la mañana.

Refugio de Arlet
Mar en los valles fanceses
El mastin no le quita ojo a las ovejas
Tras un buen rato caminando a tentón alcanzamos la placa conmemorativa del Chemin de la Liberté que era uno de los múltiples pasos pirenaicos que servían de escape durante el principio de la dictadura para los españoles y en el trascurso de la 2ª guerra mundial para los franceses. En este punto la cosa se puso difícil de verdad a la niebla se le unió el viento y una gélida temperatura, 2 grados, llegamos a llevar la ropa y el pelo empapados. En estas condiciones alcanzamos el Puerto del Palo, lo pasamos como pudimos sabíamos que estábamos allí por los carteles indicadores porque literalmente no veíamos nada de nada. Con las ganas que teníamos de ver esta zona del pirineo que era desconocida para nosotros (y por desgracia sigue siendo). Comenzamos a bajar, teníamos que llegar hasta la cabaña de Bonaris, en la que por cierto luego nos enteramos que tienen montado un salón de té, si lo llegamos a saber nos hubiéramos metido para entrar en calor. El camino estaba bastante bien pero en los últimos metros tuvimos que agudizar el sentido de la orientación ya que en un día despejado la hubiéramos visto desde la distancia. Mientras nos dirigíamos a la cabaña, de repente comenzamos a oír un cencerro, el sonido venia desde lo alto, de entre la niebla salió una vaca bajando a toda velocidad y que iba directa hacia Carlos y Mónica, empezaron a gritar para asustarla y en el último memento, afortunadamente, cambio de dirección. La vaca siguió corriendo y resbalándose loma abajo ¡Vaya momento más tenso!

Placa conmemoratica del camino de la libertad
Esto debe ser el Puerto del Palo
Pasada la cabaña el camino continuaba bajando y poco a poco nos fuimos librando de la niebla, el único problema a partir de aquí fue el barro, en algunas partes del camino te metías prácticamente hasta el tobillo. Definitivamente me di cuenta que hoy tampoco íbamos a tener un día tranquilo.

Con un kilo de barro en cada bota, al final llegamos a una buena pista. Primero tuvimos que sortear un rebaño de vacas y luego nos encontramos con una manada de caballos, al cabo de un par de kilómetros aproximadamente alcanzamos una carretera. En una hora bajando por ella estábamos en el camping de Lauzart al lado del Lescun. Había sido un día decepcionante, habíamos caminado por lugares que se me antojan preciosos y no habíamos viso nada y de regalo habíamos pasado bastante frio.

Todos los dias veiamos un monton de animalitos
Carretera a Lescun
Tras una ducha reparadora y un poco de descanso nos acercamos a ver el pueblo. La localidad francesa de Lescun es muy bonita, tiene un encanto especial y es muy recomendable su visita. Sin duda fue lo mejor de esta jornada.








Lescun un lugar bonito que visitar


Mapa de la ruta

sábado, 30 de julio de 2011

Senda de Camille Etapa 2

21/7/11

Somport – Arlet

La mañana nos había traído otra densa capa de niebla, era primera hora de la mañana y confiábamos que pronto se disiparía. Comenzamos a caminar en dirección Francia, pasamos por al lado de las pistas de esquí de fondo de Somport y en pocos metros nos encontramos con un grupo de vacas que pastaban apaciblemente, de repente nos vimos en medio del rebaño, las que estaban detrás nuestro querían ir con las de adelante y nos pasaban corriendo, como con miedo, nosotros tampoco estábamos muy a gusto con esta situación. Íbamos con cien ojos no le fuese a dar a alguna vaca por embestirnos. Enseguida llegaron a su establo y nosotros seguimos con más tranquilidad.

Cuidado con las vacas
Bajamos por la carretera y al poco a la altura de una cabaña no teníamos muy claro por dónde continuar, tras un rato deliberando encontramos el camino que nos adentraba de nuevo en otra zona del bosque de Sansanet, otra vez el barro se apoderaba del camino, era difícil y agotador caminar en esta situación. En el bosque hay que estar atento ya que hay multitud de caminos y hay que intentar escoger el correcto para no hacer kilómetros de mas.


En el bosque de Sunsanet

Llegamos a la cabaña de Escure, en la que vende quesos, continuamos entre claros y bosques hasta llegar a Espenlungere. A estas alturas del camino la niebla había desaparecido, continuamos hasta cruzar el rio por un puente y comenzamos a ascender. Hay un camino bastante empinado por un lateral que evita la zigzagueante pista, pero tras hacer un tramo y viendo la pendiente que nos quedaba decidimos incorporamos a la pista. Al principio la ascensión era bastante cómoda pero en el tramo final el barro hizo de nuevo acto de presencia para ponernos las cosas difíciles. Alcanzamos la cabaña de Grosse, vacas, ovejas, cabras y cerdos engordan en esta granja.
Espelunguere
Vacas pastando bajo el manto de niebla
Una de las ultimas buenas vistas del día
Decidimos comer un poco para afrontar el final de la ascensión. Hay una fuerte subida hasta el espolón de Couecq que se encuentra a 1909m de altitud, en este punto las nubes se echaron sobre nosotros y las panorámicas que hasta ahora habíamos disfrutado dejaron de verse. Giramos a nuestra izquierda y en unos 15 minutos llegamos al Col de Lapachouaou. La senda se había vuelto bastante cómoda pero otra vez la niebla había vuelto. Entre un claro pudimos ver la cabaña de Gourgue Sec, que ya nos había advertido que no teníamos que confundir con el refugio de Arlet. Seguimos sin detenernos, ya estábamos algo cansados y teníamos ganas de terminar la etapa, más que nada porque no veíamos más allá de nuestras narices. De repente empezamos a oír unos ruidos, era un rebaño de cabras que se abalanzaba sobre nosotros, salimos rápidamente del camino ya que vimos que ellas no tenían ninguna intención de desviar su trayectoria.

Cabaña de Gourgue Sec
Lo poco que pudimos ver del lago Arlet
Sonrisa al mal tiempo
Con el rato que llevamos caminado teníamos que estar cerca, miramos el cuadernillo con información de la senda que nos habían dado el primer día y pudimos leer que desde aproximadamente donde nos encontrábamos podíamos ver el refugio, pero vamos que eso sería en un día normal porque lo de hoy no tenia nombre. Bajamos un poco y de repente allí estaba la orilla de lago, lo bordeamos hasta que al final alcanzamos el refugio. Estábamos algo tristes no podíamos ver nada, era una pena tanto esfuerzo para nada. Con las ganas que teníamos de llegar hasta aquí y contemplar este rincón del que tan bien habíamos oído hablar.

La temperatura era bastante baja, asi que nos pegamos toda la tarde dentro del refugio. Durante un momento entre los ventanales vimos que el viento se llevo un poco la niebla, rápidamente cogimos nuestras cámaras para hacer alguna foto, fueron unos segundos luego todo se volvió blanco de nuevo.

El segundo día había terminado, nos quedamos con una sensación agridulce. Llegar hasta esta parte del pirineo que es algo mas inaccesible para nosotros y no poder verla en su totalidad no fue del agrado de nadie.


Mapa de la ruta

viernes, 29 de julio de 2011

Senda de Camille Etapa 1

20/7/11

Lizara – Somport

Llegamos la tarde del martes al refugio de Lizara, una acogedora casa de piedra que se encuentra al fondo del valle de Aragües y al cobijo del Bisaurin. Apenas había gente, sin contar a los guardas estábamos diez personas, todos distantes, por parejas pero guardando “la distancia de seguridad”. Después de un rato una pareja que se encontraba jugando a las palabras cruzadas nos preguntaron que si íbamos a hacer la senda de Camille, les respondimos de manera afirmativa y nos empezaron a contar que ellos ya habían hecho la primera etapa, se llamaban Paqui y David y a la postre serian nuestros inseparables compañeros de camino durante los próximos 5 días, estuvimos conversando hasta la hora de la cena. Entonces la guarda nos dijo que nos sentáramos todos juntos en una mesa, con algo de timidez nos juntamos los 10 y al poco rato en la mesa había un ambiente amigable, la historias de montañeros comenzaron a fluir con naturalidad. Fue rato de lo más interesante.

Refugio de Lizara
Nos acostamos pronto ya que necesitábamos guardar fuerzas para los días venideros. Nos levantamos temprano, a las 7 de la mañana Hacia mucho viento, el molino que tienen en el refugio para generar electricidad giraba tan rápido que daba la impresión que iba despegar, la temperatura tampoco se correspondía con la de esta época del año, estábamos a 8 grados. Con la ilusión que en el trascurrir de la mañana todo mejoraría empezamos a caminar con nuestros nuevos compañeros. Primer error, a los 10 minutos me di cuenta que me había dejado las gafas de sol en el coche, volví a por ellas, si llego a saber el tiempo que nos esperaba esa semana me hubiera ahorrado el esfuerzo. La primera parte del recorrido ya la conocíamos, la habíamos hecho hasta el ibón viejo en semana santa.


La ascensión hasta el plano de Bernera fue bastante dura, el viento era demasiado fuerte y en ocasiones te empujada con tanta fuerza que incluso te hacía perder el equilibrio. Superado el plano el viento se detuvo pero nos encontramos con otro elemento que en los próximos días también se convertiría en inseparable, la niebla. No se veía más allá de cinco metros, con la ilusión que me hacía ver el valle de los sarrios, nada tendremos que volver otra vez. Lo pasamos como pudimos, eso si con remojón de pies en el ibón de los sarrios, con la niebla que había a lo que nos dimos cuenta ya estábamos en medio del ibón y con las botas empapadas. Al llegar al final del valle la niebla comenzó a subir, en lo alto de una loma entre la bruma se apreciaba la silueta de unos sarrios, al menos nos quedaría un recuerdo bonito de nuestro paso por este valle.

Sarrio en la niebla
En lo alto del ibón de Estanes
Al poco rato llegamos al Ibón de Estanes, desde lo alto contemplamos el enorme lago mientras nos tomábamos un tentempié. Seguimos nuestra marcha, pasamos al lado de unos caballos que se encontraban a sus anchas pastando.


Un poco más adelante nos fijamos bien en las marcas, ya que sabíamos que teníamos que girar a la derecha para encarar el barranco del Aspe. Lo hicimos sin dificultad y nos adentramos en el bosque de Sansanet, que estaba lleno de barro, había llovido un par de días antes y la penumbra del bosque impide que se seque el camino con normalidad. Llegamos al paso Chorrota del Aspe, no llevaba mucha agua asi que lo pasamos sin apenas dificultades.

De frente al Aspe
En el bosque de Sunsanet
 

Paso Chorrota del Aspe
Pasamos con cuidado por un terraplén y un poco más adelante cuando el camino estaba bastante mejor Mar resbalo y se hizo una profunda herida en el dedo, al final fue menos de lo que en principio parecía, aun asi por la tarde tuvimos que bajar a Canfranc Estación para que se lo curasen bien.

Terminamos el trayecto del día pasando por las pistas de esquí de Candanchu, este último trozo se nos hizo un poco largo. Había poca sombra y el sol de primera hora de la tarde caía a plomo. Adelanto que fue uno de los pocos momentos de sol que tuvimos en la semana.

El verano tambien llega a las pistas de esqui
Por la noche, David, que pronto nos dimos cuenta que podría ser un relaciones publicas excelente, entablo conversación con otra pareja que empezaba la senda de Camille al día siguiente. Eran Mónica y Carlos, cenaron con nosotros y al día siguiente se unirían al grupo.

Para ser la primera jornada había sido bastante intensa, esto prometía.


Mapa de la ruta

lunes, 25 de julio de 2011

La Senda de Camille, algo más que una ruta pirenaica

Me siento a escribir esto cuando hace apenas unas horas acabamos de terminar la Senda de Camille, todavía no tengo muy claro si haré un resumen general o contare etapa por etapa hasta donde mi memoria alcance.

Han sido unos días maravillosos llenos de sensaciones y sentimientos a veces hasta contradictorios.
Hemos sentido rabia e impotencia por la mala climatología que nos ha impedido disfrutar y ver aquellos parajes que no conocíamos. Hemos sentido cansancio y ganas de terminar la etapa, ansias por volver al camino. Hemos sentido frío, humedad, calor, el viento en nuestras caras, la fuerza y la grandeza de la naturaleza.

Pero sobre todo hemos sentido una enorme alegría al conocer a gente maja y maravillosa con la que compartir el camino. Paqui, David, Mónica y Carlos nos han hecho mucho más agradable y llevadera la travesía.

Nos ha gustado compartir un rato con esa gente anónima que nos encontrábamos en los refugios o nos cruzábamos por la senda. Incluso con aquellos que por su enorme fortaleza no podíamos seguir como Joseba y su siempre inseparable y sonriente Lourdes.

Hemos sentido pena al ver partir a unos compañeros y tristeza por dejar a otros. He sentido emoción al llegar al final y alivio al dejar la mochila, seguramente mañana añorare ponérmela otra vez sobre la espalda.

Pero si hay una cosa que me ha hecho sentir realmente orgulloso es ver el espíritu de superación de Mar que ha luchado y vencido todas las adversidades que se ha encontrado en el camino.

La senda de Camille seguramente quedara para siempre en un lugar especial de nuestras memorias y en un sitio privilegiado de nuestros corazones.

Mónica, Paqui, Carlos y David nuestros compañeros de camino
Vestidos con las camisetas que acredita que hemos terminado la senda de Camille