Podríamos decir que la mítica senda pirenaica es un ser vivo que crece, varía y se adapta a las necesidades del excursionista. El tramo que anteriormente discurría por el valle de los sarrios y el Ibón de Estanes ha visto alterado su trazado para ahora atravesar la Foya de Aragüés y el Circo del Aspe: Mejor o peor ¿quién sabe? el tiempo lo dirá. El nuevo trazado discurre por territorio “Bisaurin” así que era para nosotros casi obligado hacerla.
Nuevo trazado, nueva señalización
Camino del collado del Bozo
Valle de Aisa
Barranco de Igüer
Partiendo de Lizara tomamos la dirección del collado del Bozo. La hora y media de ascensión no nos la quito nadie. Desde aquí nos fuimos por la izquierda para entrar en el barranco de Igüer. A mitad de este se encuentra una cadena para ayudar en la subida. La mañana primaveral que nos estaba acompañando se vio teñida de unos grises nubarrones, de repente empezó a lloviznar pero solo fue un susto, a los 5 minutos ceso, menos mal nos quedaba dos tercios del camino y bajo la lluvia dudo mucho que lo hubiéramos podido disfrutar.
Primera cadena
Vista desde el collado de Aisa
Luis en el precioso collado
La oreja
Llegamos a la Foya de Aragüés donde giramos a nuestra derecha, tras una suave ascensión alcanzamos el Puerto de Aisa, aunque teníamos que habernos ido a la derecha un poco antes de llegar a él, las formidables vistas que se tienen desde este collado hicieron que nos acercáramos.
Comenzamos a bajar, la senda está muy bien marcada pero todavía no se ha hecho camino y en el tramo que nos encontrábamos literalmente íbamos descendiendo campo a través.
Pasamos otra cadena para descender a una curiosa formación rocosa o cueva que según parece se denomina “la oreja”. Seguidamente cruzamos al otro lado del barranco atravesando algún nevero. Algo más adelante pudimos contemplar todo el circo del Aspe.
Atravesando algún nevero
Circo del Aspe
Pedro contemplando la silueta del Midi D'Ossau
Llegamos a la estación de esquí
Tras deleitarnos con esta magnífica formación natural continuamos el camino que poco a poco va girando hacia la derecha para encararnos a las pistas de esquí de Candanchu. Debajo de Tuca Blanca se encuentra un collado con unos telesillas, desde este punto comenzamos a bajar por una larga pista.
Este tramo estaba resultando especialmente aburrido por lo que decidimos acortar un poco metiéndonos por el trazado de las pistas de esquí y así de paso ahorrándonos la subida al puerto de Tortiellas.
Finalmente llegamos a Candanchu completando el nuevo recorrido de esta etapa de la GR-11
Desde el tristemente remodelado balneario de Panticosa parten multitud de interesantes recorridos. En el que teníamos previsto para hoy pasaríamos por una balsa, dos ibones y un embalse.
Los 23 Bisaurines que nos dimos cita en el Refugio de la Casa de Piedra comenzamos a caminar siguiendo el trazado de la GR-11 en dirección a los ibones de Brazatos.
Refugio la casa de Piedra de Piedra
Primeras rampas
Puente sobre el barranco de Caldarés
Gran tubería que atraviesa el camino
Pronto, a la altura de un muro de contención para las avalanchas abandonamos el camino principal para enlazando varios senderos nos harán ir ganando altura suavemente. Pasada una gran tubería hay que estar atento para tomar un desvío a la derecha, esta algo escondido y no es muy evidente, nosotros nos lo pasamos y tuvimos que retroceder. Ya en el camino correcto subimos por una ladera entre las piedras buscando los hitos para llegar a la balsa de Lumiacha.
Balsa de Lumiacha
Otra vista de la balsa de Lumiacha
Refugio de Bachimaña
Barranco de Lavaza con la peña Yuans al fondo
Esta es una bonita charca rodeada de vegetación que en esta época primaveral se encuentra con abundante agua. Tras un pequeño descanso continuamos en busca del segundo objetivo de día. Seguimos en constante ascenso, mientras avanzabamo, a lo lejos, a nuestra izquierda, podíamos ver la zigzagueante “Cuesta del Fraile”. Tras un rato de subida nos adentrarnos en el barranco de Lavaza, al fondo de este se aprecia la puntiaguda silueta de Peña Yuans. Nos dirigimos a la izquierda del barranco para en un alto encontrarnos con el Ibón de Coanga.
Leire indicando el camino
Ibón de Coanga
Fotógrafo fotografiado
Refugio de Bachimaña
No tardaron los más valientes en lanzarse a sus gélidas aguas para quitarse el calor de encima, el resto (más sensato) aprovecho el rato para almorzar.
Trascurrido este rato de relax teníamos ante nosotros un cómodo tramo de bajada hasta el refugio de Bachimaña, donde nos volvimos a tomar otro pequeño descanso. La verdad que nos estábamos tomando la excursión con bastante calma, hacía mucho calor y no apetecía ir mucho más rápido.
Después de cruzar a la otra orilla del embalse volvimos a tomar otro tramo de GR-11, el que lleva al balneario. De nuevo hay que estar muy atento para no pasarse el desvío.
Inma en la orilla del embalse de Bachimaña
Camino al ibón de Arnales
Matín contemplando el paisaje
Ibón de Arnales
Este fue, para mi gusto, el tramo más ingrato de la jornada, no por su dificultad, sino porque el sol estaba cayendo a plomo en las horas centrales del día. Además el camino no está muy bien señalizado y tuvimos algún pequeño problema de orientación.
Algo fatigados llegamos al Ibón de Arnales donde la mayoría opto por darse otro chapuzón o al menos refrescarse.
Aguas refrescantes
700 metros de desnivel
Largo descenso
Con la piel fresca ya solo quedaba descender 700 metros de desnivel para retornar al balneario, para ello tomamos el camino que se utiliza para subir al collado de Pondiello o para ascender al Garmo Negro. La bajada es bastante asequible pero al final las rodillas terminan resintiéndose.
Me permito poner este bonito vídeo que nuestro amigo Javier grabo durante el recorrido. (Espero que no te importe)
Mark Lanegan el cantante de la voz profunda que conocimos a principio de los 90 cuando lideraba “Screaming trees”, que ha desarrollado una sólida carrera en solitario, que colaboro con “Queen of the Stone Ages”, “Mad Season”, “The Twilight Singers”, “The Soulsavers”, que formo junto a Greg Dulli “The Gutter Twins” o puso el contrapunto perfecto a la dulce voz de Isobel Campbell estuvo de nuevo en la capital maña. El que escribe todavía recuerda con especial cariño su anterior visita, hace unos doce años presentando su formidable disco “Bubblegum”, donde nos dejó una memorable actuación.
El bueno de Mark anda estos días teloneando a Guns n’ Roses y aprovechando los días de descanso de los rockeros angelinos se está marcando un extensa gira por Europa.
Comenzó la actuación con “Harvest home” para seguir con “The gravedigger’s song” dos temas que dejaron claro que hoy no íbamos a disfrutar de un concierto fácil, a este ambiente musical poco luminoso también contribuía la tenue luz que iluminaba el escenario. Tampoco el sonido fue de lo mejor para lo que suele ofrecer esta sala, para mi gusto resulto algo apelotonado y poco claro pese a contar con una banda de primera línea que mostró con creces toda su solvencia con los instrumentos.
El repertorio se centró principalmente en sus cuatro últimos lp’s, con algún guiño al pasado como “Hit the city” o “One way street”, para mí los mejores momentos de la velada. Ciertamente los últimos discos de Lanegan se han tornado más electrónicos y oscuros algo que personalmente no termina de convencerme y aunque alguna de las canciones aguantan el tipo mejor que otras a la postre uno echa de menos su etapa anterior.
Una apreciación personal es que al cantante no se le notaba fino (era evidente que tenía algún problema físico y en un par de ocasiones pidió ayuda a uno de sus colaboradores) aun así aguanto la hora y media, como de costumbre agarrado a su pie de micro, demostrando su profesionalidad.
Termino el concierto con una versión de Joy Divison: “Atmosphere” y con “Methamphetamine blues” que me dejo ese sabor agridulce de ver a un gran artista que sigue arriesgado en su carrera pero que quizá no termina de acertar en los pasos hacia que la ha encaminado.
No soy muy amigo de puntuar conciertos pero esta vez solo otorgaría un 6 a la actuación.
En nuestra hoja de ruta para el día de hoy llevamos apuntada la cima del pico Socarcal una modesta cumbre en cuanto altura se refiere pero con unas vistas que se podrían catalogar de primera división.
Partimos de la “tasca” de Linza (los que me conocen ya saben que no le tengo mucho aprecio a este refugio).
El pico del medio es nuestro objetivo
Pico Txamantxoia
No me piséis la comida
Avanzando tranquilamente
Tomamos el camino que en su primer tramo es común con el de los picos “estrella” de esta zona (La Mesa de los Tres Reyes y el Petrechema), discurrido un kilómetro aproximadamente giramos a nuestra derecha para adentrarnos en una verde pradera que servía de pasto a medio centenar de vacas. Algo más adelante el camino se fue trasformando en una subida constante aunque, quitando algún pequeño tramo, bastante llevadera. Para amenizar la marcha pudimos ver algunas juguetonas marmotas y una manada de sarrios que correteaban ágilmente entre las rocas.
Conforme avanzábamos, a nuestra derecha, se iba abriendo la visión hacia el valle dándonos unas vistas aéreas de conjunto realmente bonitas.
El "pequeño" Dani observado el paisaje
Vistas aéreas
Sarrios
Pequeño pico de Ansabère
Cerca del collado tuvimos que esquivar varios neveros aunque al final fue inevitable pisar nieve. Antes de emprender el último tramo de la ascensión nos acercamos al collado de Petrechema (también conocido como Puerto de Ansó) para ver las agujar de Ansabère. Era la cuarta vez que Mar y yo intentábamos ver estas famosas y puntiagudas formaciones pétreas y por fin logramos verlas en todo su esplendor, al menos la más cercana al collado.
Ultimo tramo de ascensión
Una trepadita y estoy en la cima del Sobarcal
Descansando cerca del cielo
Buzón montañero del Sobarcal
Retrocedimos un poco y de nuevo pisando nieve comenzamos el asalto al Sobarcal, aunque llevábamos crampones en la mochila no necesitamos su uso, el blanco elemento se encontraba blando permitiéndonos asentar los pies con seguridad.
En un par de giros del camino llegamos a la ante cima, ahora teníamos una asequible “trepadita” para alcanzar lo más alto que los más intrépidos afrontamos, eso sí, con precaución. La panorámica desde la cima en la totalidad de sus 360º era simplemente espectacular. Además habíamos tenido suerte y el plomizo cielo con el que habíamos empezado por la mañana se había limpiado dejando un bello día primaveral.
Mallo del Acherito
Vista atrás
Impresionantes vistas
Desde el Petrechema, al valle de Lescun, el Midi D’Ossua, Collarada, Castillo de Acher, el Chipeta o el Mallo de Acherito todo quedaba plasmado en nuestra retinas.
Después de un buen rato disfrutando del paisaje empezamos el descenso.
Descendiendo
Pino seco
Frondoso hayedo
¡Qué bonito esta el Pirineo en primavera!
Para ello tomamos el camino de “La Senda de Camille” que como podéis imaginar en su primer tramo se encontraba cubierta por la nieve, en algunos puntos incluso bajamos dejándonos deslizar. Dejada atrás la nieve el camino se adentra en un árido y largo pedregal para más adelante cruzar un frondoso hayedo, la verdad que esta excursión tiene de todo y todo bonito.