A estas alturas de temporada ya empezaba a pensar que no iba a calzarme las raquetas y es que para esto de las excursiones invernales conjugar tiempo libre, condiciones óptimas de la nieve y buen clima no es nada fácil.
Bajo los primeros rayos de sol del día se encuentra Punta Napazal
Hacia arriba
Muy bien "little" Dani
Para el día de hoy nuestro objetivo se situaba en lo alto de la punta Napazal (2116 m.) un recorrido que partiendo desde el refugio de Lizara es corto, directo, pero a la vez algo exigente. Se notaba que todo el mundo estaba con ganas de nieve ya que las inmediaciones del refugio parecía un centro comercial en hora punta. Nos juntamos un grupillo de 8 personas, alguna de ella se ponía las raquetas por primera vez.
Atravesamos la pista de esquí de fondo por un lateral teniendo cuidado de no borrar la huella. Empezamos el ascenso que a partir de ahora es continuo, algún tramo es realmente duro pero como íbamos con primerizos fuimos progresando tranquilamente y sin ninguna prisa. A este ritmo es mucho más fácil apreciar cada detalle del paisaje y disfrutar del excelente y radiante día que teníamos.
Dirección collado del Bozo
Ascendiendo tranquilamente
En el collado del Bozo
Cuando llegamos al collado del Bozo consideramos que era un lugar ideal para almorzar viendo las magníficas vistas del valle de Aisa y la silueta del Aspe. La mayoría del grupo decidió descender, yo hice una rápida escapada a punta Napazal, por 20 minutos más de ascensión completaba una excursión más redonda. Ciertamente mereció la pena el pequeño esfuerzo la panorámica que se contempla desde este modesto pico es simplemente espectacular además los rayos de sol que traspasaban las nubes le daba al paisaje un valor extra.
Hacia punta Napazal
Desde el Bisaurin a los Lecherines
Los rayos de sol se filtran entre las nubes iluminando el Mesola
Vista del Bisaurin
En vez de volver por el mismo camino, tome un atajo más recto siguiendo las huellas de habían dejado otros excursionistas, así pude alcanzar a mis compañeros. Una vez todos juntos regresamos al refugio de Lizara poniendo fin a esta corta pero bonita “raquetada”
Con “Mangy Love” bajo el brazo, uno de los mejores discos del 2016 según la prensa especializada, se presentó Cass McCombs en la sala Las Armas.
Sabía que la de ayer iba a ser una actuación con pocas concesiones para la galería, sobria, de esas en las que hay que apreciar cada detalle, saborear cada matiz que desde el escenario saliese. Y así fue, tuvimos una velada de las que se pueden calificar como íntima, a lo que también contribuyo la poca luz que el técnico de iluminación lanzo sobre el escenario (tal como está el precio del kilovatio no es de extrañar).
La ejecución del californiano y su banda fue impecable, mención especial para el hombre de los teclados que con su añejo Rhodes creaba la atmósfera idónea que envolvía a cada canción. Pero salvo el tramo final del show, para mi gusto, fue un concierto muy lineal.
Ciertamente salí algo contrariado, había visto a un artista imaginativo y con una propuesta diferente de lo que viene siendo habitual pero, personalmente creo que le faltó algo de chispa.
Atrás quedo el nefasto, para mí 2016, no a nivel personal sino en cuanto a asistencia a actuaciones musicales se refiere. Llevaba más de un año sin poder pasarme por ninguna de las salas que habitualmente programan música en vivo y no precisamente por falta de oferta o calidad.
La mítica lata de bombillas
Jon Rubin al frente de los Rubinoos
Derrochando energía
Tommy Dunbar efectivo en la guitarra y en los coros
Parece que en principio la maldición puede quedar atrás y para romperla nada mejor que pasarse por la antigua “Lata de bombillas” ahora rebautizado como “Robby Robot” para ver la actuación de los Rubinoos. Venidos directamente desde finales de los 70, con una simpatía y gran sentido del humor, nos entregaron una enorme y enérgica actuación de ese power pop que a lo largo de cuatro décadas han sabido facturar con gran maestría.
Disfrutando sobre el escenario
Al Chan la conexión Hawaiana de los Rubinoos
Grandes
Las manos de Tommy Dunbar sacando lo mejor de su Stratocaster
Según comentaron era la quinta vez que se pasaban por esta sala y prometieron volver. Estaremos atentos.
He de decir que este año he estado algo desconectado de las novedades musicales pero aun así de lo poco que he podido escuchar elijo estas tres canciones para cerrar estos doce meses
“People-Vultures” - King Gizzard & The Lizard Wizard
El sorprendente grupo australiano nos entregó un estupendo disco grabado en bucle donde canción a canción se va sucediendo sin pausa un desenfreno de rock y psicodelia
“Vicent” - Car Seat Headrest
Uno de los descubrimientos del año ha sido este jovencísimo grupo que destila los mejores ingredientes del Indie con una frescura asombrosa
“Shut Up Kiss Me” - Angel Olsen
Y para finalizar una preciosa voz femenina. Con su cuarto álbum de la cantautora de St. Louis nos vuelve a deslumbrar con un abanico de estupendas canciones
Aunque el tramo oficial de esta etapa de la GR-15 discurre entre Broto y Fanlo, por cuestiones de logística preferimos salir de Sarvisé. Tomamos el ascendente camino del Quejigar para llegar a Buesa. Desde esta localidad nos desviamos para emprender la marcha por el camino de la Pardina del Señor. Desde que hace 3 ó 4 años se recuperó este trazado, el recorrido de la GR-15 que antes en casi su totalidad discurría por la carretera, fue variado con gran acierto ofreciendo una alternativa mucho más atractiva para el caminante.
Lo único que había en pie en Sarvisé a las 8:40
Bosque de Quejigos
Muro de roca
Buesa
Alfombra vegetal
GR-15
Preciosas flores de las que desconozco el nombre
Algo de pista
El sol atraviesa la vegetación
Sin apenas dificultades técnicas más allá de los casi 17 kilómetros de excursión es un camino para recorrerlo con tranquilidad y con mil ojos. No llegaremos ni pasaremos por ningún lugar desde donde tengamos unas vistas espectaculares ya que la mayoría del tiempo vamos metidos por el medio del bosque pero no hace falta mirar muy lejos para descubrir que nos encontramos ante un recorrido sin par. A cada metro del camino encontramos un lugar único, a cada paso descubrimos un árbol más añejo que el anterior, en cada rama, en cada hoja caída, en cada haz de luz que atraviesa el follaje hay algo mágico, en cada curva hay un rincón con un encanto especial, cada desvío nos adentra en otro mundo sorprendente. Todo ello hace de esta excursión una de las más bonitas que se pueden hacer en el pirineo e imprescindible para cualquier excursionista o amante de la montaña.