El Caimodorro con sus 1935m. es la cumbre más alta de la sierra de Albarracín. Es un pequeño recorrido ideal para pasar la mañana dominical en contacto con la naturaleza.
Hace mes y medio llevábamos intención de subirlo pero se nos hizo un poco tarde y desistimos del intento. Hoy con un poco más de tiempo, nos hemos acercado con el coche por la pista que te deja a una hora de la cima y sin ningún problema hemos llegado hasta su cumbre.
Con nosotros han venido Jara y Aurelio un guía de lujo que conoce estos montes a la perfección.
Bosque típico de la zona
Tres generaciones, Aurelio explicando por dónde va el camino ante la atenta mirada de su hija y de su nieta
Nos levantamos temprano, 5.30 am. Desayunamos rápido y salimos hacia Sallent. Por las calles de Jaca aun se podían ver algunos jovenzuelos que regresaban a casa tras una noche de juerga. Ya por la carretera los primeros rayos de sol aclaraban el cielo en el que todavía se dibujaban algunas pequeñas nubes, daba la impresión que pese a las malas previsiones el día nos iba a respetar. Durante el recorrido fuimos conversando, creo que Diego, Jorge y yo estábamos algo nerviosos, aunque ninguno nos atrevimos a confesarlo, hacía ya varios años que no salíamos los tres juntos a la montaña y teníamos ganas de disfrutar de la naturaleza y de nuestra mutua compañía.
Presa de Respumoso
Al llegar al embalse de la Sarra había un tipo merodeando que daba la impresión que era de estos que se ponen de aparcacoches para sacarse unos eurillos. Bajamos del coche y nos empezó a preguntar a dónde íbamos y alguna cosa más, enseguida se acoplo a nosotros se dirigía al refugio de Respumoso para controlar la famosa carrera de los novios que ese día se disputaba. Nos empezó a dar conversación, a contarnos sus hazañas deportivas y juveniles y su peculiar manera de ver la vida, el tío no paraba.
El camino hasta el refugio no tiene mucho misterio asi que metimos un poco de “zapatilla” y en algo más de dos horas estábamos tomando un poco de almuerzo en el refugio de Respumoso. Seguimos por la GR-11, de vuelta nos dimos cuenta que si hubiéramos tomado senda que sale a la izquierda un poco antes del refugio hubiéramos ido más directos hasta el ibón de Campo Plano. Nosotros fuimos por el ibón de las ranas, bajamos hasta el riachuelo que une Campo plano y Respumoso y continuamos por su margen hasta llegar a una gran planicie para dirigirnos a la derecha y adentrarnos en el barranco de campo plano. Quizá dimos un poco más de rodeo pero en la chuleta que llevábamos con los datos de la excursión nos mandaba por alli. Ya en el barranco el camino discurre por la margen derecha de un arroyo, se va ganado altura gradualmente hasta que alcanzamos una pedrera que nos hizo sufrir un poco.
Sigiendo la GR-11
Barranco de Campo plano
Ibones de la Faxa
Lléganos a los ibones de la Faxa, en un lateral aún quedaba un pequeño nevero y dentro había un iceberg, pasamos con cuidado ya que aunque el camino estaba muy pisado si nos hubiéramos resbalado por la ladera hubiéramos ido a para al ibón. Continuamos la subida que ahora se había puesto dura ve verdad y encima el aire nos venía de cara. Llegamos al collado que separa España de Francia y el viento se hizo molesto de verdad. A nuestra derecha teníamos la imponente cresta que nos quedaba por ascender. Comenzamos a subir en un principio salvo por el desnivel no tiene dificultad pero poco a poco la cosa comienza a complicarse y pronto en algunos puntos nos tuvimos que ayudar con las manos para seguir progresando. Había que estar muy atentos para no salirse del camino marcado ya que nos podíamos quedar enriscados y tener que retroceder algunos metros. En algunos lugares había suerte y las mismas paredes rocosas nos protegían del fuerte viento, era un alivio.
La imponente cresta del Gran Faxa
Ibones de la Faxa desde la altura
En la cumbre
Vista de Respumoso desde la cumbre
Al final casi 6 horas desde del comienzo alcanzamos la cumbre, no pudimos disfrutar mucho rato de las vistas porque el viento era realmente molesto, asi que nos hicimos cuatro fotos para el recuerdo y emprendimos el descenso.
Ibon de Campo Plano
Vista del refugio sobre el ibón
La bajada fue demoledora teníamos ante nosotros casi 1700 metros de desnivel acumulado, la parte que se nos hizo más dura fue desde la presa hasta el aparcamiento. Tras once horas y medias llegamos algo justillos de fuerzas pero sin duda mereció la pena, ya estoy deseando que llegue la próxima.
Había estado toda la noche lloviendo pero al llegar la mañana había dejado de hacerlo, aun asi el cielo estaba pintado de gris, sobre todo hacia la zona que nos íbamos a dirigir. Hoy era nuestra última etapa y la más corta por lo tanto nos importaba mucho. Los cuatro comenzamos a caminar y a conversar, pero creo que enseguida nos dimos cuenta que hoy no era un día igual a los demás, nos faltaba algo, David y Paqui habían terminado ayer y después de cinco jornadas juntos nos habíamos acostumbrado a su presencia y los echábamos de menos.
La lluvia amenazaba a cada momento
Zarpa de Camille, marca de la senda
A la media hora nos encontramos con un pastor parlanchín que nos hizo una demostración de cómo manejaba su rebaño con “el mando a distancia”, tras un rato hablando con él lo tuvimos que dejar con la palabra en la boca porque sino todavía estaríamos allí, anda que no tenía ganas de conversar. Hacia aire y lluvia algo (calabobos) pero el camino estaba bastante bien y no nos impidió progresar a buen ritmo hasta llegar a la Plana Dios te Salve que estaba llena de ganado, ya nos habíamos familiarizado tanto con los rebaños que lo vimos tan natural.
Plan de Dios te Salve
Futuros chuletones
Hacia el Plan de Aniz
Plan de Aniz
Pasamos el collado que se encuentra enfrente para llegar al Plan de Aniz, allí pudimos ver como unos buitres daban buena cuenta de una res muerta. A medida que avanzábamos el tiempo iba empeorando, hacia más frio, más aire y la lluvia era más intensa, al final sacamos lo último que nos quedaba de sacar de las mochilas y que en los cinco días anteriores habían estado ocupando sitio y siendo un peso inútil, los chubasqueros. Estaba lloviendo bastante fuerte. Desde este punto, y aunque ya nos lo habían avisado en el refugio de Gabardito, nos dimos cuenta que subir al Bisaurin iba a ser imposible, asi que con algo de pena ya que una vez más las inclemencias meteorológicas nos estaban impidiendo disfrutar de la Senda de Camille al 100%, continuamos hasta llegar al collado de Foraton. Alli el aire que se juntaba de los dos valles era casi huracanado, aun que no era muy agradable permanecer mucho tiempo en aquel lugar hicimos un esfuerzo para poder ver la magnífica estampa que desde este punto se divisaba. Ya podíamos ver la meta, al fondo del valle estaba el refugio de Lizara. Emprendimos el descenso con cuidado ya que la lluvia había dejado el camino muy resbaladizo. Otra vez nos encontramos con barro para que nuestras botas se llevaran pegado un poco de recuerdo a casa.
Hoy no vamos a poder subir al Bisaurin
Collado de Foratón
Al cabo de una hora de bajada llegamos al refugio. La verdad que fue un momento emocionante habían sido seis jornadas de esfuerzo, de momentos duros, de buenos ratos, de situaciones divertidas, de frio, de niebla, de risas, de poco sol. Seis jornadas que fueron mejor de lo que podíamos pensar.
Entramos en el refugio y nos pusieron el último sello, nos dieron la camiseta que acredita que habíamos terminado la senda de Camille. Nos dimos una ducha, comimos y nos quedamos un buen rato conversando con Joseba, Lourdes, Mónica y Carlos. Sabíamos que debíamos volver a casa pero nos daba pena hacerlo, intentamos demorar ese momento todo lo que pudimos, entonces fue cuando comprendí lo que les había pasado el día anterior a Paqui y David. Si hubiéramos podido hubiéramos hecho la siguiente jornada con Carlos y Mónica o incluso hubiéramos dado otra vuelta para ver si nos hacia mejor tiempo.
Lo conseguimos
Al final sucedió lo inevitable nos despedimos de Mónica y Carlos con la misma tristeza que el día anterior de Paqui y David. Nos metimos en el coche y volvimos a Zaragoza con la sensación que la senda de Camille había sobrepasado nuestras mejores expectativas.
Hoy tocaba la etapa más larga de la travesía. Nos levantamos un poco antes y a las 7.10 a.m. ya estábamos caminados. Hacia algo de viento pero las nubes de momento estaban altas. Bajamos por la carretera hasta el camping de Zuriza, siempre que caminas por una carretera suele ser aburrido pero sobre una de las curvas nos encontramos con un pequeño cervatillo que nos miraba curioso desde una distancia cercana pero prudencial, este momento y la agradable conversación hizo más llevadero el rato de asfalto. En apenas una hora estábamos en el camping, seguimos por la pista que va paralela al rio Veral hasta el aparcamiento de Taxeras, allí empezamos la ascensión.
Taberna de Linza
Cervatillo curioso
Camino Taxeras
Hasta ahora había sido un paseo pero la subida hasta el Achar de Alano o paso de Taxeras es bastante dura. Al principio de la subida nos confundimos un poco y tuvimos que buscar el camino como pudimos con el consecuente sobreesfuerzo. A cada paso que dábamos la senda se volvía mas dura, las rocas eran más grandes y el aire se encañonaba lo que hizo que en la parte final tuviéramos que soportar ráfagas de viento realmente brutales.
Achar de Alano
Vista desde el paso de Alano
Llegamos al collado y la cosa pintaba bastante mal, mucho viento, niebla y alguna gota de agua. Caminamos un rato hasta llegar a una cabaña, continuamos un poco más y al final “vimos la luz”, allí hacia donde nos dirigíamos estaba despejado. Alcanzamos el estrecho de la Ralla por donde tuvimos que bajar, era un auténtico pedrizal, en un principio algo complicado pero en la parte final muy fácil y llevadero.
Marca de la senda
Estrecho de la Ralla
Descansamos un poco junto a una caseta forestal para retomar fuerzas ante la nueva pendiente que nos esperaba. Aunque en un principio nos pareció que subir entre un sombrío bosque era bastante agradable, las continua zetas que describía el camino entre los arboles al final se hacían pesadas. Estos casi 500 metros de desnivel pesaban ya en nuestras piernas. Después de casi una hora de ascesion llegamos al paso de Lenito bajo, perece que todos los pasos tienen el denominador común del fuerte aire y este no iba a ser menos. Ahora teníamos ante nosotros una bajada de casi 1000 metros por todo tipo de terrenos, pastizales, sendas, pedreras, la verdad que fue agotador. Al llegar a la carretera de Echo a Siresa sentimos un gran alivio, pero aun nos quedaba la subida a Gabardito. La ascensión al refugio se hace siguiendo la GR-11 y hay que volver a remontar otra vez casi 400 metros, lo que desmoraliza un poco después de llevar la paliza que llevábamos encima, esta etapa sin duda es la más dura de toda la senda de Camille. Comenzamos al ascenso y pronto Mar que tras 20 Km. iba algo justilla de fuerza se comenzó a descolgar del grupo, me quede con ella y fuimos subiendo poco a poco. Creo que fue el día que más alegría sentimos al ver el refugio de final de etapa, había sido una jornada realmente agotadora.
Unos momentos de descanso
Ya queda poco
Cuando llegamos David y Paqui ya se habían duchado, para ellos hoy había sido su última etapa. Estuvieron un rato por alli, se les veía que no tenían muchas ganas de irse, pero al final tuvimos que despedirnos. Fue un momento triste, habíamos compartido cinco días juntos y me daba la sensación que me estaba despidiendo de unos amigos de toda la vida.
Hay que mencionar el buen trabajo que realiza al guarda del refugio, un tipo que parece el sargento de hierro, recto e inflexible pero con muy buenos modales y algo de sentido del humor que hace que tu estancia alli sea lo más confortable posible. Ya me hubiera gustado que hubiera alguien asi para el refugio de Linza.
Hoy parecía que el tiempo pintaba algo mejor, decidí arriesgarme y por primera vez en lo que llevábamos de travesía me puse los pantalones cortos. Salimos del camping por la carretera y continuamos por ella unos kilómetros en los que pudimos ver multitud de bordas en las que se vendía queso. Llegamos al puente de Lamareich y allí al fin dejamos el tedioso asfalto. Seguimos por el camino que discurre entre el bosque de Landrosque hasta llegar al aparcamiento de Lamary, justo al lado cruzamos un puente sobre un riachuelo, al fondo se divisaba el Pic Pore de Lamary que es una enorme mole rocosa. El entorno era precioso. La pendiente comenzó a endurecerse pero las manadas de caballos con sus potrillos que nos íbamos encontrando por el camino desviaban nuestra atención y nos hacían más llevadera la ascensión. Alcanzamos una planicie que nos sirvió de descanso pero la alegría iba a durar poco, enseguida volvimos a ganar altura.
Entrañable estampa
Aunque el repecho era duro, el camino discurría entre un fresco hayedo. A la media hora alcanzamos la Cabaña de Ansabere, desde allí teóricamente deberíamos ver las agujas del mismo nombre pero la niebla se había fijado a media altura y no se divisaban. Retomamos fuerzas con un pequeño almuerzo y comenzamos la ascensión. Seguimos el camino que estaba bien marcado pero no teníamos claro hacia donde nos dirigíamos. David saco el GPS y dijo hacia donde debíamos ir pero al final nos confiamos y seguimos a un grupo que nos adelanto y que tenían pinta de saber por dónde se andaban. Al darnos cuenta de nuestro error nos encontrábamos en el collado de Acherito. Sacamos los mapas, brújulas, GPS, altímetros y todo utensilio que nos sirviera y al final nos situamos bien, volvimos sobre nuestros pasos para encontrar el camino adecuado. La parte final, como no podía ser de otra forma, era agotadora. Un largo pedrizal con fuerte pendiente. Pasamos el collado de Petrechema y al poco la niebla se esfumo y un radiante sol nos acompaño durante el descenso. Fue pasar a España y el tópico de “sol y buen tiempo” se cumplió.
Cabaña de Ansabere
Primeros tramos de ascesión
Al fondo Lescun
Estamos a punto de desviarnos del camino
Ultimos tramos de subida al collado de petrechema
Escogimos el camino de la derecha en vez de continuar por la ruta normal y creo que acertamos ya que aunque era algo más largo posiblemente era más bonito y se apreciaba el valle con una mayor perspectiva.
Después de hora y media bajando llegamos al refugio de Linza, lo que primero que nos llamo la atención fue la cantidad de gente que había, no era de extrañar era sábado y es un refugio al que se puede acceder por carretera.
Por fin buen tiempo
Bonito valle
Lo peor de todo es que estaba bastante masificado en la habitación que nos dieron nos metieron a 8 personas y no era mayor de 10m cuadrados. También fue algo triste ver como la gente no respeta a los que queríamos descansar y piensan que el refugio es una tasca. Y no me quería acordar de las 2 “pavas” que la vimos echándose cervezas en la barra y luego subieron a las tantas a dormir y no se habían preparado ni si quiera la cama. Vamos lamentable el comportamiento de la gente y de los guardas que no saben hacer respetar las normas.
Sin duda un mal broche para un día que había sido en general bastante bueno.