Si hay alguna cosa o alguna imagen que defina el rock esa sin duda es la guitarra eléctrica. Desde la adolescencia me empezó a gustar la música, grupos, discos, videos musicales, el mundillo de la mitología artística y demás. Alguna vez me había planteado tocar la guitarra pero siempre se quedaba como un proyecto futuro o como ese sueño que sabes que nunca vas a realizar. Además mi vida giraba en torno al baloncesto y no tenía tiempo para mucho mas. Cuando vi cerca mi final baloncestístico pensé que tenía que buscarme un hobby en el que ocupar el tiempo que antes dedicaba a este deporte, entonces decidí arriesgarme y comprarme una guitarra. Pensé lo intentare y si luego no lo consigo o no me gusta la colgare en la pared que quedara muy bonita de adorno. Asi del mismo modo que muchos cuarentones se compran una Harley Davidson porque ser moteros ha sido el sueño de su vida yo me compre una guitarra eléctrica.
Como no tenía ni idea de guitarras una mañana quede con mi amigo Jaime, componente de Hotel y Stereant, recorrimos las tres tiendas de instrumentos que hay en Zaragoza y después que sus magistrales dedos probaran algunas me dijo cual tenía que comprarme. Era una Squier tipo Stratocaster que venía en un pack con el amplificador, me dijo que para empezar estaba bastante bien y ahora estoy totalmente convencido de lo que me dijo era cierto.
Mi primera guitarra
El día que la tienes por primera vez entre tus manos, la conectas al amplificador y empiezas a aporrear sus cuerdas sin ningún sentido te da un subidón total, te crees una autentica estrella del rock, pero a los poco minutos te das cuenta que todavía te queda un mundo por aprender. Empecé a mirar un poco de teoría y hacer ejercicios de forma autodidacta, internet es maravilloso en este sentido, pero al cabo de unos meses me di cuenta que de esta manera no llegaría muy lejos. Todos los días la cogía bastante rato pero veía que la mejoría era muy lenta o nula. Decidí buscarme un profesor que me guiara un poco, estuve un año con un chaval de veinti pocos años, el también estaba aprendiendo pero se le veía sobrado para lo que yo quería, la verdad que me vino bastante bien, aprendí a llevar el tiempo, gane soltura cambiando acordes, etc.
Luego continúe un poco más en solitario hasta que me busque otro profesor, este sabia bastante más, llevaba muchas horas de escenario a sus espaldas, una autentica maquina. Me enseño truquillos que no salen en ningún manual y me metió teoría por un tubo que a día de hoy, dos años después aun estoy intentando asimilar. El día que mis dedos sean capaces de plasmar toda esta teoría en el mástil podre decir que se tocar la guitarra. Mientras tanto me dedico a practicar, ese es el único secreto para alcanzar un poco de nivel en cualquier instrumento.
En fin, cinco años después continúo con la misma ilusión que el primer día, tal vez me pena no haberme decidido mucho antes, sobre todo cuando pienso en el tiempo que desperdicie jugando con la maldita PlayStation. Este es un bonito y sano hobby que engancha mucho, el día que no cojo un ratillo la guitarra lo paso bastante mal, como decían Barón Rojo en una de sus canciones “Yo nunca podría vivir sin tus cuerdas de acero tocar”.
Al fin un día despejado, había que aprovecharlo a tope. Hoy teníamos previsto ir hasta el Ibón Viejo que está a mitad de camino de la famosa ruta que hay entre el refugio de Lizara y el Ibón de Estanes.
Refugio de Lizara con el Bisaurin al fondo
Salimos de Lizara tomando la pista que dirige a la cima del Bisaurin, pero pronto la dejamos y nos fuimos hacia la derecha. Mientras el camino va ascendiendo pasamos por debajo de la ladera de Fetas hasta llegar al refugio de Oldecua, un poco más adelante el paisaje cambia radicalmente y toma más aspecto de alta montaña al adentrarnos en el barranco de Audelca. En un principio el camino desciende unos metros pero pronto vuelve a tomar altura. A nuestra derecha, al otro lado del barranco, podemos observar una enorme masa rocosa y como en sus paredes decenas de pinos negros parecen desafiar a la ley de la gravedad fijando sus raíces en lugares realmente inverosímiles para crecer y vivir al borde del abismo con un cruel destino acechándoles.
En el precipicio
Hacia cualquier lugar donde fijes la mirada obtienes una vista realmente hermosa, el día ha salido esplendoroso, la luz y la naturaleza se han dado la mano para hacer las delicias de cualquier fotógrafo aficionado. Algo más adelante podemos ver un salto de agua, la verdad que estamos disfrutando de lo lindo.
Mar subiendo a buen ritmo
Llegando a la Plana Mistral
Tranquilamente, mientras hacemos unas fotos, grabamos un poco de video y comentamos los nombres de las montañas y posibles sitios por donde ir, llegamos al Refugio d’os Forestales que tiene una estructura algo atípica para este tipo de construcciones. Algo más adelante, a unos 10 minutos, alcanzamos la Plana Mistral, hasta entonces habíamos visto algunos neveros pero se situaban a los lados del camino, pero en la plana empezamos a encontrar nieve en abundancia. Giramos a nuestra derecha para seguir nuestro camino por el Plan de Bernera.
Plan de Bernera
Caminado sobre la nieve
Comenzamos a caminar sobre nieve y aunque en un principio contemplamos la posibilidad de ponernos las polainas la desechamos enseguida ya que la capa de nieve no era muy profunda y estaba bastante dura, además había una huella bastante marcada que habían dejado otros excursionistas. De repente y según iban avanzando nuestros pasos las nubes que cubrían las cimas de las montañas se echaron sobre nosotros, en apenas cinco minutos pasamos de tener un día magnifico a contemplar un compacto cielo gris. Al cuarto de hora de andar sobre el manto blanco llegamos al Ibón Viejo que se encuentra helado y cubierto por la nieve. Continuamos un poco mas hasta el punto donde el valle gira y se convierte en el Bal d’os Sarrios, allí contemplamos lo espectacular del paisaje y decidimos poner fin a la excursión del día. Nos comemos un pequeño tentempié en este privilegiado lugar y emprendemos el camino de vuelta.
La primavera ha llegado al Pirineo
De regreso y con las nubes pisándonos los talones aun nos quedo tiempo para enredar en algún nevero, eso si Mar se llevo un pequeño susto la pobrecilla. Al final llegamos al refugio de Lizara donde comimos mientras por la ventana contemplábamos, otro día, más la lluvia.
Y hasta aquí llegaron nuestras vacaciones de Semana Santa por la tarde regresamos a Zaragoza. Lo pasamos bien estos días, descubrimos sitios entrañables del Pirineo y sobre todo disfrutamos de la compañía de Pilar y Jesús que nos acogieron y trataron fenomenal.
Amaneció semidespejado pero para variar estaban anunciadas fuertes lluvias para la tarde, ante esta situación Jesús y Pilar decidieron llevarnos a un lugar ciertamente encantador, las Cuevas de Susuei. Hay una ruta que llega a ellas desde la localidad de Echo pero ante la inestabilidad meteorológica reinante hicimos la excursión corta de apenas 3 km, ya nos habíamos mojado bastante el día de antes y no nos apetecía mucho volver a pasar por la misma situación. Cogimos el coche y fuimos hasta un punto en la carretera entre Ansó y Berdún, no sabría decir donde exactamente, de alli sale una pista que baja y en cinco minutos te lleva a un puente sobre el rio Veral. Lo cruzamos y seguimos el camino que está muy bien indicado ya que esta marcado con las líneas amarillas y verdes de un PR. La senda discurre entre abundante vegetación y es bastante llevadera ya que apenas hay desnivel. En el trascurso de la caminata nos encontramos un montón de bordas abandonadas y semiderruidas, según parece hasta principios del siglo pasado aquella era una zona de pastoreo.
Al cabo de unos 40 minutos llegamos unas balizas que indicaban una bifurcación del camino, antes de dirigirnos a las cuevas, tomamos la que indicaba la enésima variante del camino de Santiago para en unos 300 metros encontrarnos una pequeña cascada. Una vez disfrutado de su visión volvimos sobre nuestros pasos y, ahora si, tomamos el camino de las cuevas. Llegamos a otra borda abandonada, esta se encuentra mejor conservada, desde este punto ya podemos divisar nuestro objetivo, bajamos por el estrecho camino que se sitúa a la derecha de la borda y en unos minutos llegamos a las Cuevas de Susuei.
Vista de las Cuevas de Susuei entre la vegetación
Ciertamente es un lugar agradable, el pequeño salto de agua que corona el techo de la cueva le da un toque mágico. Explorando por los rincones se puede ver un pesebre esculpido en la piedra ya que en tiempos fue aprovechada para guardar el ganado. Si nos metemos algo mas al fondo podemos admirar el belén montañero que el club de montaña Asamun de Echo tiene depositado aquí. Mencionar que la cueva esta acondicionada con una gran mesa y unos bancos de madera que seguramente en verano harán las delicias de más de uno.
Resumiendo, pese a que nos hubiera gustado hacer algo más largo pasamos una mañana interesante y entretenida. Esta excursión creo que la recomendaría para hacerla con niños, seguro que se lo pasaran en grande.
El día amaneció con las calles mojadas y el cielo repleto de nubes grises, aun asi no nos resignamos a quedarnos en casa y decidimos ponernos en marcha. Pilar y Jesús se fueron con el cub de montaña a la peña Oroel, como nosotros la habíamos subido la semana anterior, elegimos hacer una pequeña ruta circular que sale de la localidad de Jasa y llega hasta la loma Cotín.
Dejamos el coche en una de las calles de Jasa y tomamos la pista que sale por detrás del pueblo, un lugareño al que preguntamos la dirección exacta por la que dirigimos ya nos advirtió que iba a llover. Y efectivamente a los 15 minutos de empezar unas finas gotas comenzaron a caer sobre nosotros, nos pusimos las capas y continuamos con la ilusión que fuese algo pasajero, ninguno de los dos teníamos la intención de volver antes de tiempo. Tras un par de kilómetros salimos de la pista por un desvío que hay a la derecha, el camino deja de ser cómodo y la ascensión por entre las rocas ya mojadas no es agradable. La lluvia arrecia pero llegamos al mirador y nos resguardamos del agua en el refugio de la Peñeta. Nos comemos un tentempié y esperamos a que la lluvia cese. Tras un rato de espera nos dimos cuenta que no iba a parar y como buenos maños decidimos continuar.
Seguimos por un agradable camino entre el bosque hasta el mirador Peña Petarnal. Las nubes no dejan ver gran cosa aunque se intuye que en un día despejado las vistan han de ser verdaderamente buenas. Continuamos hasta la Loma Cotin que dista de este punto a unos 15 minutos. Al llegar la lluvia se ha convertido en diluvio, asi que como se dice habitualmente tocamos chufa y comenzamos a descender. La ruta completa baja por el Collado Loma de Aisa pero ante la insistente lluvia decidimos bajar por la amplia pista forestal que sale desde la cima, el problema es que pronto nos dimos cuenta que debe ser una pista abandonada y tuvimos que improvisar el camino, asi que entre la incertidumbre de no saber muy bien donde nos encontrábamos, la fuerte pendiente, el agua y las abundantes zarzas que a duras penas podíamos sortear no pasamos un rato demasiado agradable que digamos. Al fin llegamos a la carretera que va de Jasa a Aisa, pocas veces me he alegrado tanto de llegar a una carretera, caminamos por ella un par de kilómetros hasta que encontramos una entrada que te lleva a la GR-15. La tomamos más que nada por quitarnos el aburrimiento del asfalto. Unos metros más adelante nos encontramos con la fuente Zamputia y al poco siguiendo por el camino llegamos a la Tejeria donde nos reguardamos en una caseta que tienen acondicionada para hacer barbacoas, la humedad ya se nos había metiendo dentro. Nos secamos y seguimos hasta el final.
Lo que seguramente es una bonita excursión en un día de buen tiempo, se convirtió en un paseo pasado por agua pero al menos hicimos 11km en vez de quedarnos en casa.
Comentar que la ruta está muy bien marcada, según nos comentaron lo hicieron el año pasado y las señales y carteles están muy visibles.
Aprovechando que este año Semana Santa caía a final de Abril decidimos pasar unos días en la montaña. Estuvimos alojados en Aragüés del Puerto, en casa de Pilar y Jesús expertos montañeros y perfectos conocedores del valle que nos acogieron a las mil maravillas y nos guiaron en las excursiones que hicimos.
Como viene siendo habitual el tiempo en esta festividad no es tan bueno como desearíamos así que el primer día, Jueves Santo, que era el que los meteorólogos anunciaban como el mejor emprendimos una pequeña excursión a las cimas del Cucuruzuelo y del Mesola. Dejamos el coche en la pista forestal de la Estiba, desde este punto empezó la marcha hasta la cumbre por la misma pista, que aunque esta muy marcada empieza a dar claros síntomas de abandono ya que con frecuencia nos encontramos con pequeños arbustos y árboles en medio de la misma. Una vez superado el bosque que nos hace más agradable la ascensión llegamos a una gran explanada, al fondo de ella se divisa la marca geodésica que indica el punto exacto de la cumbre. Las vistas de los valles de Aisa y de Aragüés son magnificas.
En la cima del Cucuruzuelo
Tras deleitarnos unos minutos con el paisaje emprendemos rumbo hacia nuestro segundo objetivo, punta Mesola. Para ello seguimos otra pista que discurre sin perder altura en su dirección. Justo cuando llegamos a la base (Cuello Mesola) tomamos un desvío a la derecha y tras un centenar de metros empieza una dura pendiente por una pedrera. Alli nos encontramos un solitario sarrio que nos observo a la defensiva un buen rato. Continuamos la ascensión no sin parar en varias ocasiones a retomar el aliento y para admirar el maravilloso paisaje. En unos pocos minutos alcanzamos la cima, desde ella se divisan en primer plano los míticos Bisaurin y Aspe, asi como el alto de Fetas o el Pico Liena d’o Bozo entre otros, eso si con un manto de nubes en sus cimas. Hay muchas veces que no es necesario ascender un 3000 para tener unas vistas privilegiadas.
Vista panorámica tomada cerca de la cumbre del Mesola
Buscamos abrigo entre unas rocas para protegernos del fuerte viento que soplaba en la cumbre y nos comimos el almuerzo. Con la pena habitual que da al abandonar tan vellos parajes emprendimos la vuelta. Al llegar al Cuello de Mesola nos dividimos, Pilar y Mar bajan por el mismo camino por el que habíamos ascendido y Jesús y yo bajamos por el barranco de Cuangas, alli vimos un rebaño de sarrios que se fue de estampida al percatarse de nuestra presencia. Descendimos por el barranco que no es otra cosa que una fuerte pendiente entre el bosque y en la que el camino es el que Jesús va inventado sobre la marcha, yo solo me limito a seguirlo.
Nos juntamos con las chicas en la fuente que hay en la pista donde dejamos el coche y regresamos a Aragüés. La primera jornada había terminado más que satisfactoriamente.